Suelta
las palabras,
aunque por los riscos
las veas caer,
arañándose
entre punzantes,
aún sin despido,
aún sin extrañarles;
déjalas salir.
Suelta
las palabras,
aunque por los riscos
las veas caer,
arañándose
entre punzantes,
aún sin despido,
aún sin extrañarles;
déjalas salir.